Gestión del riesgo y ordenamiento territorial en tiempos de crisis climática: A propósito de las inundaciones de las tierras cenagosas del departamento de Córdoba
- Alan David Vargas Fonseca
- hace 2 minutos
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Las inundaciones que estamos observando en el departamento de Córdoba no deberían sorprendernos: aunque parecen eventos climáticos extremos e imprevisibles, las advertencias del IPCC y diversos centros de estudio ya enfatizaban que uno de los efectos del cambio climático es el aumento de la frecuencia de esta clase de acontecimientos. No obstante, el impacto social no puede explicarse como consecuencia inevitable del cambio climático. Son el resultado de una interacción compleja entre variabilidad climática de carácter global y decisiones históricas regionales sobre el uso del territorio, el agua y el desarrollo.
El debilitamiento del vórtice polar en el hemisferio norte, la alteración del jet stream y el incremento de eventos extremos forman parte de una dinámica atmosférica global que está modificando patrones de lluvia y viento incluso en zonas tropicales como el Caribe colombiano. Las lluvias más intensas, los vientos más fuertes y los cambios en el comportamiento del oleaje no son fenómenos locales desconectados del mundo: son expresiones regionales de procesos climáticos planetarios, pero el desastre no lo produce la variabilidad climática por sí sola.
Cuando las lluvias intensas golpean, el territorio responde con aguas que rompen bordes invisibles: ríos, cultivos, barrios y vidas. Esos bordes no los dibuja el clima; los dibujan las decisiones humanas. Aproximémonos a la cuestión, analizando el territorio inundado por la clasificación estatal de las zonas y subzonas hidrográficas, especialmente el territorio abarcado se encuentra mayormente abarcado por las subzonas hidrográficas del medio y bajo Sinú, los cuales no cuentan con un POMCA aprobado (según el MADS, con fecha de corte del 2023, el POMCA de ambas Subzonas se encuentra en estado de “formulación” y el POMCA de la Subzona del Alto Sinú – Urrá no reporta fecha de inicio de actividades de ordenamiento).

Imagen N°1. Subzonas hidrográficas del río Sinú impactadas por las inundaciones.
Fuente: https://portalsirh.minambiente.gov.co/planes-de-ordenacion-y-manejo-de-cuencas-hidrograficas-pomca/
Para hacernos una idea del impacto de las inundaciones en el área de influencia del río Sinu (Zona hidrográfica Sinú, especialmente subzonas hidrográficas del medio y bajo Sinú), miremos los reportes satelitales que ofrece al público la plataforma Copernicus de la Unión Europea:

Imagen N°2. Panorama general de las tierras inundadas en el departamento del Cordoba desde el municipio de Tierralta hasta San Bernardo del Viento.
Tengamos presente que los reportes de tierras inundadas comienzan a pocos metros del desagüe de la represa de Urrá:

Imagen N°3. Reporte de las inundaciones desde los valles colindantes con la represa de Urra.
Otra aproximación relevante es el impacto de la inundación en el área urbana del municipio de Monteria (capital departamental):

Imagen N°4. Reporte de las inundaciones en el área urbana del municipio de Monteria.

Imagen N°5. Reporte de las inundaciones en los márgenes de influencian de las ciénagas de los municipios de Lorica, Chima y Momil (Ciénaga Grande de Lorica, Ciénaga de Los Negros, Ciénaga de Mateo Gómez, Ciénaga Grande de Chimá, y Ciénaga Grande de Momil)
Lo global influye; lo local define el impacto
La crisis climática aumenta la frecuencia y severidad de fenómenos extremos. Sin embargo, el nivel de afectación depende de factores regionales:
Transformación de humedales y planicies de inundación.
1. Ocupación de zonas de alto riesgo.
2. Desarticulación y subestimación de la relevancia de herramientas de ordenamiento ambiental del territorio (especialmente POMCA´s).
3. Débil infraestructura de drenaje y contención, así como desarticulación participativa entre infraestructuras energéticas y los gobiernos y comunidades de la región.
4. Integración limitada proceso de ordenamiento territorial y gestión del riesgo.
5. Capacidades técnica y financieras municipales limitadas para adoptar decisiones de ordenamiento ambiental de territorio relevantes.
En Córdoba, estas condiciones preexistentes amplifican el impacto de lluvias que, aunque intensificadas por dinámicas globales, podrían tener efectos distintos bajo un modelo territorial preventivo. No es un gran logro analítica repetir el mantra de los planificadores y expertos en ordenamiento ante estas situaciones: la variabilidad climática es un factor externo; la vulnerabilidad es una construcción interna.
El río Sinú, la represa de Urrá y la memoria territorial
El debate actual sobre la represa de Urrá no es novedoso, reaparece en cada temporada invernal. La alteración del régimen natural del río Sinú, los cambios en sus ciclos de inundación y sedimentación, y las transformaciones socioeconómicas derivadas del proyecto hidroeléctrico han modificado la relación entre agua y territorio (centenaria si consideramos los registros y logros de la Cultura del pueblo Zenú en su momento).
No se trata de afirmar simplificaciones causales, sino de reconocer que las intervenciones estructurales en cuencas hidrográficas generan efectos acumulativos. Cuando estos efectos se combinan con lluvias intensificadas por dinámicas climáticas globales, el resultado puede ser mayor exposición y mayor daño. La memoria de Kimy Pernía Domico, líder indígena que defendió el río Sinú y denunció los impactos de la represa, reaparece hoy no solo como símbolo histórico, sino como recordatorio de que las decisiones sobre el agua tienen consecuencias intergeneracionales, y sin embargo nuestros planes de ordenamiento territorial (incluso en su “mirada de largo plazo”) no miran más allá de 12 años y todavía están lejos verse como engranajes de una maquinaria de gestión territorial de largo plazo.
Opciones regionales de gestión: más allá de la emergencia
Colombia cuenta con un marco normativo robusto. La Ley 1523 de 2012 establece que la gestión del riesgo debe integrarse al ordenamiento territorial mediante tres procesos fundamentales:
1. Conocimiento del riesgo.
2. Reducción del riesgo.
3. Manejo del desastre.
En Córdoba, la fase de manejo del desastre suele activarse con relativa rapidez. Pero la reducción estructural del riesgo sigue siendo el gran desafío.
Las opciones regionales de gestión existen:
1. Incorporar determinantes ambientales vinculantes en los POT.
2. Restaurar humedales y zonas de amortiguación natural: Acelerar la adopción de los POMCA´s.
3. Fortalecer sistemas de alerta temprana con enfoque comunitario.
4. Invertir en infraestructura resiliente con criterios climáticos.
La clave no está únicamente en atender la emergencia, sino en modificar las condiciones que la hacen recurrente, incluso, antes de mirar la necesidad de crear nuevas herramientas resulta pertinente mirar cómo les va a las herramientas que ya existen en el ordenamiento: ¿Acaso estamos frente a un daño antijurídico por el hecho de que las autoridades ambientales no han priorizado ni materializado la adopción de los planes de ordenamiento y manejo de cuencas? ¿Los POMCA’s, técnica y socialmente implementados serían una herramienta efectiva para gestionar las amenazas y riesgos de desastres en nuestro tiempos de crisis climática?
El cambio climático no distribuye sus impactos de manera equitativa. Las comunidades con menor capacidad institucional y económica soportan cargas mayores. En el Caribe colombiano, la combinación de pobreza estructural, informalidad urbana y degradación ecológica genera un escenario de vulnerabilidad crónica.
La gestión del riesgo, en este contexto, no es solo una tarea técnica. Es una cuestión de justicia territorial. Si las decisiones de desarrollo no incorporan análisis de riesgo climático global y dinámicas hidrológicas locales, se profundiza un modelo que reproduce daños en ciclos repetitivos y ocasionarán mayores perdidas económicas si en cambio se realizan inversiones estratégicas desde la perspectiva de la adaptación y prevención.



















